martes, 17 de abril de 2018

Es su culpa.

Ella se pinta los labios un poco fuera de la línea
porque le dan igual los límites.
Baila como todos bailamos cuando estamos solos en la habitación,
y nunca falta una cerveza en sus manos.

Me mira y me hace más cosas que nadie,
me invita a no tener modales,
a molestar a los prejuicios de la gente.

Ella es para tomársela en serio,
para cruzar el bar entero
y antes del "cuánto tiempo"
mi lengua contra la suya.
"Sabes mejor" -dice
"Te conozco más" -respondo.

Siempre tiene una canción en sus labios
y en cantar mal, es la mejor.

Llueve en Madrid,
y se ríe porque sabe que es su culpa.
Nos echan del cine por montarnos nuestra propia película,
y se ríe porque sabe que es su culpa.
Hoy se ha incendiado una iglesia,
y se ríe porque sabe que es su culpa.
Me duele el corazón,
y se ríe porque sabe que, en parte, es su culpa.

No le importo,
ella a mi sí.

No puedo dejar de jugar a este juego.



jueves, 29 de marzo de 2018

Los besos que no saben a nada.

Escribo este poema
para tener dónde enterrar los besos que no saben a nada,
las caricias que no calientan
y las miradas que no arropan.

A esos que vienen con el cuento listo para recitar.
les escucho en la parte de los dragones
pero de los príncipes y princesas
ya estoy cansada.

Entre un hueco de su ego,
cuelo parte de mi historia,
la clasificada como "apta para todos los públicos",
que no tiene dragones ni armadura,
pero sí mucha sinceridad
y la voz en off de un narrador cansado.

Me quedo por la cerveza,
por la chica de la mesa de al lado
que tiene la paz mundial acurrucada en su pelo,
que eso sí que tiene mérito
y no tus medallas autoimpuestas.

Nunca vi tanto entusiasmo por uno mismo
sin justificación alguna.

En la boca de metro confirmé
que el siguiente capítulo no sería mejor.
Porque no hay peor príncipe
que el que se empeña en salvar a una princesa
que se vale perfectamente por sí misma.



jueves, 22 de marzo de 2018

Pequeña gigante

Hay momentos en los que me siento tan chiquitita,
y estoy tan bien,
que en mi pequeñez me siento gigante.

Me pasa cuando estoy sentada en el suelo del bar,
mientras alguien al micrófono recita sobre el amor,
y dice alguna frase que me eriza la nuca.
Entonces miro hacia arriba y veo cuerpos alargados que parecen extenderse al infinito,
todos con la media sonrisa de la complicidad,
de "yo también me he enamorado".
Y pienso en todas aquellas personas a las que han besado,
a las que le han dejado la puerta abierta
con un mensaje de "para cuando quieras volver".
Justo ahí me siento diminuta,
entre todas esas otras medias sonrisas
y poemas sin escribir.

También me pasa cuando me quedo mucho tiempo pensando
en todas las personas que me quedan por conocer.
Me imagino sus rostros sin rasgos concretos,
y ya me remueven cosas por dentro.
Siento que tengo que enamorarme tanto aún... que en comparación, yo soy solo una pizquita.
Soy solo el recipiente de las historias que a otros les quedan por vivir.
Soy solo la tinta de lo que les van a escribir.
Las tripas de las que podrán hacer corazón,
y las llamadas perdidas que querían encontrarse.

A veces,
me gusta ser chiquitita
y tener tanto que decir.



jueves, 22 de febrero de 2018

Un poema no bastará para sanarte.

Te escribo porque esa es mi forma de abrazarte,
porque no hay hombro capaz de sostener tu pena.

Sé que un poema no bastará para sanarte,
pero ojalá.
Se te ven los nubarrones en la mirada 
y las penas balanceándose en tus pestañas.
Lleva muchos días sin salir el sol en la ciudad
y no te quiero echar la culpa,
pero la verdad es que cuando sonríes tengo menos frío

Quiero dejar escrito en los libros
la valentía con la que besaste a la tristeza,
sabiendo que iba a doler
pero que esa era la única manera de que algún día decidiera marcharse.
Cómo estás llenando el boquete del pulmón con flores,
y acariciando el hueco del corazón que te han arrancado.

Nada de lo que yo te escriba
llenará tu vacío, 
pero sí regará las macetas que antes hayas decidido plantar.

A partir de hoy cada paso sonará diferente,
el cielo tendrá otro azul
y los pájaros volarán torpes.
Todo te parecerá un poco más extraño
y las cosas se verán menos eternas.

Tú te sentirás más mayor
porque para llenar la herida
habrás crecido unos centímetros por dentro.

Pero sigues siendo tú, 
aunque te resultes extraña,
aunque vueles torpe, 
sigues quitándole el frío a la ciudad
y haciendo que yo escriba poemas.


jueves, 1 de febrero de 2018

Sitio seguro. Aquí NO es NO.

Estoy enferma de este mundo. De que alguien decida romantizar un “Para”, “apretando más fuerte”.
Estoy cansada de estar en la barra y que alguien me toque el culo. De no sentirme cómoda si no veo un cartel de “Sitio seguro, aquí NO es NO”, y me pregunto en qué puto lugar significa otra cosa.

Me intoxicáis la poesía con vuestros acosos en los bares; con ese mail que me mandabas cada día después de verme recitar insistiendo en que te llamara, que aquí me dejabas tu número, que tenías muchas cosas que contarme en privado.
Te pudres cuando llamas puta a la que te rechaza, mientras escuchas a otra mujer al micro recitando sobre que nos queremos libres.

Me duele el pecho cuando pienso en todas las veces que una compañera ha tenido miedo. Cuando tiene que inventarse un novio que la espera, para que le dejes en paz. Cuando no se atreve a besar a su novia, porque sabe que la semana pasada a otra chica le pegaron por hacer lo mismo.

Me duele el pecho cuando pienso en mi ex diciéndome que se sentiría humillado si después de él, salgo con una chica. Cuando amenazó con no tocarme más si veía una compresa mía usada.
Me duele no haber tenido las palabras y tener que tragarme las suyas.

Pero, lo que más me duele de todo, con diferencia, es pensar en cada superviviente a la que se le ha puesto en duda. En ella, subida al estrado, teniendo que responder si disfrutó de ser violada, si le resultó placentero, si se negó lo suficiente, si ha tenido parejas estables, si sale mucho por las noches. En ella, leyendo justificaciones hacia su violador, gente pidiendo prudencia, llenándose la boca de “presunción de inocencia” mientras ella se despierta y le ve; desayuna y siente su mano en el muslo; va en el metro y recuerda el olor de su saliva; entra en el instituto y oye sus gemidos; vuelve a casa, abraza a mamá, y tiembla asustada; va a dormir y vuelve a sentirse sola para siempre.

En este mundo, si hay que elegir un bando, siempre voy a ser del de la víctima.
Prefiero creer a quien apuesta valentía, si luego es mentira, me ha engañado.
Pero si defiendo al “presunto” violador, y luego es verdad, yo también la habré violado.