jueves, 12 de octubre de 2017

La única vez que fuimos felices.

Entre los papeles de la mesa he encontrado el único poema que habla de que una vez fuimos felices.
Tú me dabas una caricia desde la sien hasta el tobillo,
y yo te besaba de verdad.

Una vez me trajiste una rosa y no era San Valentín,
yo creí que te acordarías de mi entonces hasta cuando el calendario decía que no tocaba.
Que después de aquella flor vendrían otras más,
y que siempre me dirías que menos mal que yo no marchitaba.

Hacíamos aquello de ver series juntos y adelantar capítulos a escondidas,
de permitirnos ir al cine una vez al mes y hasta coger palomitas.

Mirábamos vuelos que no podíamos volar
y hoteles que nunca nos podríamos permitir.
Pero hacerlo de tu costado era casi como estar allí.
Entonces escribí ese poema.

Después dejaste de acariciarme
y yo dejé de besarte de verdad.
Me marchité.
Empezamos series por separado.
Decidimos ahorrarnos las palomitas
y el único viaje que quería hacer era lejos de tu indiferencia.
Y entonces, escribí este poema.


foto por Rubén Errebeene: https://www.instagram.com/errebeene/

lunes, 2 de octubre de 2017

Mi meteorología.

Mi tristeza no es intermitente,
es como el frío en los polos,
la sed en el desierto,
los errores que cometo.

Ya no tengo carencias,
no tengo huecos que llenar,
se me han quedado las formas de lo que fui y tuve,
y ahora ahí reposa mi tristeza,
sin dejarle sitio a nada más.

En mi meteorología sale el sol a veces
pero hay más de 300 días de lluvia
y demasiada pena por metro cuadrado.

Querer ya solo quiero quererme a mi,
lo que pasa que sigo haciéndolo mal
y llega un momento en el que sientes
que hay cosas que ya no puedes aprender a hacer de otra manera.

Dentro de la felicidad también hay tristeza,
pero en la tristeza no hay nada de felicidad.

Me gustaría saber mantener la sonrisa que se me cuela en la vida a veces,
pero siempre huye espantada de mis boquetes.

Me gustaría aún más que las cosas no se disfrazaran de bonito si no lo son,
suficiente tengo ya con mis murallas.

Quisiera, si pudiera aprender,
a no hacerme ilusiones,
a no imaginar,
quisiera dejar de decepcionarme.

Ojalá no me picaran los ojos al llorar,
así al menos estaría bien en mis lágrimas.

Me falta tanto en esta vida.
Me hubiera gustado no conocer a ciertas personas,
no haber sentido ciertas cosas,
no haberlo hecho bien alguna vez,
porque ahora
recordarme puramente feliz, me parece
inalcanzable.



sábado, 12 de agosto de 2017

Mi libro en México

Menudo vuelco al corazón ¿no?

Desde que mi primer poemario "Mensaje urgente a mis momentos contigo" salió en España, luché cada día por poder llevarlo a México. Y menos mal que hay batallas que se ganan, y personas con proyectos bonitos que están para apoyar la poesía.

Mi libro ya está disponible en México gracias a los buenos de Oniria Récords.
El precio es $360 con el envío incluido a todo el país, se pide online y los métodos de pago disponibles son: Paypal, transferencia bancaria y Pago en Oxxo.

Web de Oniria Récords para adquirir mi poemario: https://oniriarecords.com/products/p
Además están disponibles en instagram, twitter y facebook para resolver cualquier duda, y ya veréis qué majos (y mágicos) son.


Os recuerdo que en España también está disponible, tanto online (como por ejemplo en Amazon) como en librerías físicas.

Gracias, con sinceridad, por apreciar la poesía y mantenerla viva

Aprender de nuevo a hablar.

Cuando te conocí aprendí de nuevo a hablar,
todas las palabras se reinventaron porque no cabías en ellas
y los poemas de mi estantería buscaron otras metáforas,
porque esas ya no servían después de ti.

Dejé de reconocer las calles de mi barrio,
porque se volvían otras al pasear-te.

Salíamos a beber,
y cogía la borrachera de mi vida
porque solo podía beber-te a ti en todas mis copas.

Ya no temía dejar de sonreír
porque podía sonreir-te.
Y tú siempre me devolvías la mirada donde acunarme.

Tenías ese don,
el de dejarme vivir-te y que la vida supiera en ti cien veces más que en la de cualquier otra.

El problema fue cuando de tan acostumbrada a ganar contigo,
me tocó perder-te.
Y dime cómo aprendo yo de nuevo a hablar si te llevaste todas mis palabras en tus trenzas.

Porque la única manera que se me ocurre de recordar quién era yo, antes de ti,

es olvidándo-te.


También disponible en la web de microcuento: aquí, aquí
Una vez al mes publico ahí un texto una semana antes de estar en el blog.

martes, 27 de junio de 2017

Tú, mi única estación de metro.

No puedo respirar en las tres paradas de metro que hay de mi casa a la tuya.
La dirección del andén parece que lleva tu nombre, "línea directa a sus costillas".
Los límites amarillos que separan de las vías empezaron a parecerme estúpidos al primer beso,
yo sabía que no podía morir si tú estabas esperándome.

Este vagón está lleno de desconocidos que parecen conocerme muy bien.
Todos me miran con pena cuando paso tu parada y no me he bajado en ella.
Después, se olvidan de mi.

En las tres paradas de metro que separan mi casa de la tuya, sigo siendo algo de ti,
aunque sea un recuerdo,
la sombra de lo que tuvimos,
o el dolor en el pecho cuando la megafonia indica dónde estoy y que a la vez ese sea el sitio donde no voy a ir.
Después, desaparezco.

Jamás nos hemos vuelto a encontrar,
estoy segura de que ahora tomas el bus
y como siempre, nunca vas sentado aunque no haya nadie a quien cederle el asiento.
Yo me quedo en los subsuelos,
me reconozco en cada gotera,
cada avería,
y cada "el servicio está interrumpido por un tiempo estimado de media vida sin ti"

Para sanar este salario mínimo en cariño y las malas condiciones de la tristeza, me voy a poner en huelga, y a establecer los servicios mínimos del corazón.