miércoles, 11 de noviembre de 2015

Lobito y Luna VI

Una vez leí una frase de Henry Miller que decía:
"Si quieres olvidar a una mujer, conviértela en literatura.”
Por eso empecé a escribirte, porque necesitaba olvidarte un poco y así poder calmar el terremoto de no tenerte. Pero me he dado cuenta de que no sirve de nada, de que esto solo me está enfermando más y es una patología de la que no quiero salir porque creo que la meta final eres .
Te hago literatura porque lo mereces; te hago literatura porque te necesito de algún modo -de cualquier modo-; te hago literatura porque te recuerdo, cuerdo y loco, a cada instante. Te hago literatura porque “amarte en parte porque eres todo arte”

Amor, que yo por ti pasaba por cien suelos de clavos, doscientas pasarelas de fuego, volvería a vivir los peores meses y me quitaba los dieciséis de diciembre del calendario.
Amor, que yo busco y busco y no encuentro nada que no haría por ti.
Que Wio suena cada noche a las diez menos cuarto, trayendo todo un cóctel de noticias menos las tuyas. Y que no estás aquí para huir, ni antes de las diez ni después y fíjate que sí que enloquezco cuando oigo a alguien gritar a una terraza “te amo” y no eres tú.
Amor, que te amo y no me encuentro límites en este campo.


Lobito y yo hemos estado en muchas pausas además de muchos replays. En una de esas, larga como los inviernos sin poder acurrucarme en sus brazos, todo fue muy a la deriva en mi vida. Había abandonado Nuestra Ciudad buscando paraísos allá dónde se hablaba que existían y solo me encontré bosques quebradizos de abetos quemados. Yo, que soy tanto de desierto como de mar. Yo, que soy tanto de verano como de diciembre. Yo, que me monto en la atracción más alta a pesar de mi vértigo. Fui incapaz de mantenerme firme en ese bosque... quebradizo... y quemado, de abetos.

Llegó diciembre para salvarme, como siempre hace. Con mi dieciséis y nuestro veinticinco. Y yo solo me dejé llevar a casa de nuevo y yo solo volví a encontrar todo el hogar que necesitaba en él.
Después de nuestra pausa, después de haberme marchado y haberle dejado allí, volvimos a levantar el vendaval en Nuestra -siempre eterna e inamovible- Ciudad. Nos pusimos a trepar edificios esa noche. El más alto de todos, el gigante abandonado, tan pausado en el tiempo que estaba en blanco y negro.
Trepamos por las escaleras y paredes y llegamos a su punto más alto, llegamos a nuestros tronos de emperador y emperatriz de esa ciudad. Veíamos sus luces resplandecer tintineantes, la avenida desembocando en institutos de colores, a lo lejos el fin y cerca -con nosotros- el principio.
Me acuerdo del temblor de estar de nuevo con mi Lobito, de seguir escribiendo nuestra historia, de sentirme en el lugar en el que justo tenía que estar. Me acuerdo de él haciéndome una foto porque “estaba mona” ahí arriba, con la nariz roja del frío y los mofletes sonrojados del amor que me recorría cada centímetro.

Allí, arriba, en la cumbre de la montaña de nuestros recuerdos le conté que Madrid se estaba portando mal. Le conté que lloraba más que reía. Le conté que ser fuerte ya no servía. Y él me volvió a prestar sus brazos y me abrazó con el corazón. Después de tantos meses, después de haber sido amor y desamor,
~ahí estaba él: íntegro, inalterable, permanente, continuo, inefable.
para mi: descompuesta, rota, rasgada, descosida, quebrada.~
Porque lo necesitaba, de nuevo, vino con su silente aullido a calmar todos mis eclipses.

Ahora Madrid me está dando muchos mimos y si ella no puede, hay personas que lo hacen. Pero la verdad -y sé que es una preferencia estúpida- preferiría que Madrid siguiera siendo una mierda y tener a Lobito conmigo.

No tengo ni puñetera idea de lo que hace con su vida y tampoco tengo ni puñetera idea de lo que hago yo con la mía sin él.
Por qué no nos estamos queriendo. Por qué salgo a la calle y no está él esperando. Por qué no tengo mi coche para ir a recogerle. Por qué está allí. Por qué seguimos en pausa. Por qué así. Por qué Lobito y Luna y no sólo él y yo.

Henry Miller no tenía ni puta idea de literatura.



1 comentario:

  1. Me encanta. Te leo por primera vez y puedo decir que me ha conquistado.

    http://ecosdeolvido.blogspot.com.es/?m=1

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