martes, 27 de junio de 2017

Tú, mi única estación de metro.

No puedo respirar en las tres paradas de metro que hay de mi casa a la tuya.
La dirección del andén parece que lleva tu nombre, "línea directa a sus costillas".
Los límites amarillos que separan de las vías empezaron a parecerme estúpidos al primer beso,
yo sabía que no podía morir si tú estabas esperándome.

Este vagón está lleno de desconocidos que parecen conocerme muy bien.
Todos me miran con pena cuando paso tu parada y no me he bajado en ella.
Después, se olvidan de mi.

En las tres paradas de metro que separan mi casa de la tuya, sigo siendo algo de ti,
aunque sea un recuerdo,
la sombra de lo que tuvimos,
o el dolor en el pecho cuando la megafonia indica dónde estoy y que a la vez ese sea el sitio donde no voy a ir.
Después, desaparezco.

Jamás nos hemos vuelto a encontrar,
estoy segura de que ahora tomas el bus
y como siempre, nunca vas sentado aunque no haya nadie a quien cederle el asiento.
Yo me quedo en los subsuelos,
me reconozco en cada gotera,
cada avería,
y cada "el servicio está interrumpido por un tiempo estimado de media vida sin ti"

Para sanar este salario mínimo en cariño y las malas condiciones de la tristeza, me voy a poner en huelga, y a establecer los servicios mínimos del corazón. 


martes, 6 de junio de 2017

Cómo colarme de nuevo entre tus rodillas.

Decías que conmigo tenías vistas a las estrellas hasta bajo suelo.
Yo te respondía que desde que te conocí no había habido una noche sin luna llena.
Y por eso ahora sigo averiguando cómo colarme de nuevo entre tus rodillas.

Éramos de los que llenaban los lugares de besos,
porque nos sobraba amor y lo regalamos.
"Mira qué triste esa esquina" y te escribía un poema.
"Mira cómo llora esta plaza" y me inventaba un nuevo paso que poder bailar de tu cintura.

Decías que conmigo se habían inventado los "gracias", las "enhorabuenas" y los "se acabó la guerra".
Yo te respondía que la culpa de que los pájaros volaran era tuya, que les dabas alas.
Por todo eso, sigo averiguando cómo colarme de nuevo en tus noches para empezar contigo los días.

No estoy devastada sin ti, porque juntos aprendimos a querernos por separado.
Pero mi cama sí te echa de menos, y mi ducha, y mi sofá,
la parte de atrás de mi bicicleta y hasta mi perro me mira preguntando dónde estás.
Y yo no sé qué responderle.

Que te fuiste porque de repente las estrellas empezaron a brillar menos y temías que las acabáramos apagando.
Que las letras de nuestras canciones dejaron de hablar de nosotros.
Que las sábanas seguían frías aún con tu sonrisa dentro.
Y que ya no podíamos hacer felices a las calles, ni al último vagón del metro.


El amor no se acaba.
El amor se cansa.


Sé que tus cosas también te preguntan dónde estoy.
Diles que esperando a que vuelvas a invitarme,
que tengo 20 poemas sobre ti y una canción enamorada.
Cuando quieras te la canto y le devolvemos la luna llena a esta ciudad.