viernes, 20 de octubre de 2017

Se nos ha roto España

Galicia,
te quiero verde,
más verde que ninguna.
Te quiero floreciendo,
viviendo,
resurgiendo.
Que no te quemen nunca más,
que nunca más te falte ayuda.
Si hace falta,
te regaré con estas lágrimas de verdad 
y el aliento fatigado de todos aquellos
que viven en ti
y te quieren viva,
verde,
más verde que ninguna.

Murcia,
te quiero soterrada,
justa
y escuchada.
Te quiero valiente, así como ya has sido,
y como eres.
Te quiero luchadora,
y pacífica,
Te quiero de todas las formas que puede alguien querer al lugar donde ha crecido,
y aún así yo lo hago un poco más que todo eso.
No hay muros que valgan
para un pueblo que lucha
porque se quiere junto.

Cataluña,
te quiero con la voz arriba,
sin ser machacada.
Te quiero habladora,
segura y fuerte.
No quiero más violencia en tus calles, 
ni más sangre en tu gente.
Quiero que se te trate con la igualdad que mereces,
que te liberen de los prejuicios,
de las políticas que no se centren en escucharte y dejarte hablar.
Que te liberen, por favor.
Como sea que quieras ser liberada,
pero que no te peguen por gritar esa libertad.

España, 
te quiero, a ti si que te quiero.
Pero nos queda mucho por mejorar.
Te quiero igualitaria,
que no te haga falta mirar qué hay debajo de estos pantalones desgastados para saber cómo tratarme, o maltratarme.
Te quiero comprensiva, 
con los oídos abiertos y la mente aún más.
Te quiero tolerante con las diferencias 
e intolerante con aquellos que no aceptan al diferente.
Te quiero renovable, limpia,
con una sonrisa que se recicla
y recicla.
Te quiero allá donde sea que te necesiten,
y que cuando lo hagan, no escatimes en esfuerzos.
Que fuerza tienes de sobra,
y lo sabes,
lo sabemos.

Te quiero, España,
te quiero con la rojigualda en el balcón 
sin que eso implique mirar mal la arcoiris.
Te quiero con tus diferentes voces,
y que ninguna quiera sonar más fuerte que otra,
que todas se escuchen hasta llevar un discurso igual con el que todos seamos capaces de darnos los
buenos días,
bon día,
bo día
y egun on.

GALICIA | Cadena humana contra el fuego

MURCIA | Manifestación contra el soterramiento

CATALUÑA | Manos arriba ante la policía antidisturbios


jueves, 12 de octubre de 2017

La única vez que fuimos felices.

Entre los papeles de la mesa he encontrado el único poema que habla de que una vez fuimos felices.
Tú me dabas una caricia desde la sien hasta el tobillo,
y yo te besaba de verdad.

Una vez me trajiste una rosa y no era San Valentín,
yo creí que te acordarías de mi entonces hasta cuando el calendario decía que no tocaba.
Que después de aquella flor vendrían otras más,
y que siempre me dirías que menos mal que yo no marchitaba.

Hacíamos aquello de ver series juntos y adelantar capítulos a escondidas,
de permitirnos ir al cine una vez al mes y hasta coger palomitas.

Mirábamos vuelos que no podíamos volar
y hoteles que nunca nos podríamos permitir.
Pero hacerlo de tu costado era casi como estar allí.
Entonces escribí ese poema.

Después dejaste de acariciarme
y yo dejé de besarte de verdad.
Me marchité.
Empezamos series por separado.
Decidimos ahorrarnos las palomitas
y el único viaje que quería hacer era lejos de tu indiferencia.
Y entonces, escribí este poema.


foto por Rubén Errebeene: https://www.instagram.com/errebeene/

lunes, 2 de octubre de 2017

Mi meteorología.

Mi tristeza no es intermitente,
es como el frío en los polos,
la sed en el desierto,
los errores que cometo.

Ya no tengo carencias,
no tengo huecos que llenar,
se me han quedado las formas de lo que fui y tuve,
y ahora ahí reposa mi tristeza,
sin dejarle sitio a nada más.

En mi meteorología sale el sol a veces
pero hay más de 300 días de lluvia
y demasiada pena por metro cuadrado.

Querer ya solo quiero quererme a mi,
lo que pasa que sigo haciéndolo mal
y llega un momento en el que sientes
que hay cosas que ya no puedes aprender a hacer de otra manera.

Dentro de la felicidad también hay tristeza,
pero en la tristeza no hay nada de felicidad.

Me gustaría saber mantener la sonrisa que se me cuela en la vida a veces,
pero siempre huye espantada de mis boquetes.

Me gustaría aún más que las cosas no se disfrazaran de bonito si no lo son,
suficiente tengo ya con mis murallas.

Quisiera, si pudiera aprender,
a no hacerme ilusiones,
a no imaginar,
quisiera dejar de decepcionarme.

Ojalá no me picaran los ojos al llorar,
así al menos estaría bien en mis lágrimas.

Me falta tanto en esta vida.
Me hubiera gustado no conocer a ciertas personas,
no haber sentido ciertas cosas,
no haberlo hecho bien alguna vez,
porque ahora
recordarme puramente feliz, me parece
inalcanzable.