jueves, 29 de marzo de 2018

Los besos que no saben a nada.

Escribo este poema
para tener dónde enterrar los besos que no saben a nada,
las caricias que no calientan
y las miradas que no arropan.

A esos que vienen con el cuento listo para recitar.
les escucho en la parte de los dragones
pero de los príncipes y princesas
ya estoy cansada.

Entre un hueco de su ego,
cuelo parte de mi historia,
la clasificada como "apta para todos los públicos",
que no tiene dragones ni armadura,
pero sí mucha sinceridad
y la voz en off de un narrador cansado.

Me quedo por la cerveza,
por la chica de la mesa de al lado
que tiene la paz mundial acurrucada en su pelo,
que eso sí que tiene mérito
y no tus medallas autoimpuestas.

Nunca vi tanto entusiasmo por uno mismo
sin justificación alguna.

En la boca de metro confirmé
que el siguiente capítulo no sería mejor.
Porque no hay peor príncipe
que el que se empeña en salvar a una princesa
que se vale perfectamente por sí misma.



6 comentarios:

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